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Estamos perdiendo a más de una generación de jóvenes debido a la falta de estatus migratorio

Roberto González, nieto de inmigrantes, sociólogo y profesor de Harvard, siguió durante doce años a grupos de jóvenes indocumentados o “DREAMers”. Lo que descubrió sobre sus vidas, no es nada halagüeño

La política migratoria de los últimos 20 años tiene consecuencias nefastas sobre las generaciones jóvenes, los que inmigraron niños, los que siguen sin estatus. Tras estudiar a estos jóvenes durante una docena de años, Roberto Gonzalez, un joven profesor asistente de educación en Harvard University concluye que vayan o no vayan a la escuela, los “dreamers” tienen tantos obstáculos en su camino que, en la mayoría de los casos, ven aplastados sus sueños.

“Estamos destruyendo a esta generación. Las consecuencias de nuestras políticas migratorias son reales y son humanas. Cuando en 2001 se presentó en el Congreso la primera versión del Dream Act, los jóvenes que yo estudié eran pequeños, inocentes inmigrantes que vinieron con sus padres. Años después, la mayoría tiene callos en las manos y dolores en el cuerpo y el espíritu. Han visto, en su mayoría, la destrucción de sus esperanzas”, dice González.

Pasarían 11 años desde 2001 para que un presidente demócrata instituyera un programa para dar un alivio temporal a estos jóvenes (DACA), sin embargo, las amenazas políticas de suspender esos programas continúan, y las vidas de estos jóvenes, ahora adultos, siguen luchando contra las barreras. Otros jóvenes inmigrantes siguen creciendo y enfrentando los mismos problemas.

A continuación, la entrevista con González:

¿De qué se trata su libro, Vidas en el Limbo?

Es el resultado de un estudio de 12 años en el que seguí la pista a 120 adultos jóvenes que llegaron a los EE.UU. antes de la edad de 12 y se instalaron en el área de Los Ángeles. En el explico lo que ocurre con los niños indocumentados cuando viven la transición por la adolescencia hacia la vida adulta. En ese momento en que sus amigos se están moviendo hacia adelante, consiguiendo licencias de conducir, obteniendo puestos de trabajo después de la escuela, tramitando ayuda financiera para la universidad, votando, ellos no tienen más remedio que ser observadores de cómo los demás se mueven hacia adelante, y ellos no pueden.

¿Qué le motive a estudiar este grupo y tratar de entender lo que les pasa?

Yo trabajaba con jóvenes en Chicago, lo hice por 10 años, viví y trabajé en un vecindario latino inmigrante durante ese tiempo, trabajé con niños y sus familias. Pude observar muy de cerca como el entorno afectaba sus vidas y sobre todo, qué pasaba con ellos en ese momento de la adolescencia. En ese momento en que los demás progresan, ellos se estancaban, empezaba la frustración, muchos dejaron la escuela, no veían ninguna razón para seguir. Un grupo pequeño terminó la secundaria pero en ese momento no había “in state tuition” (tarifa de residente para los indocumentados), nadie sabía cómo ayudarlos.

Estas preguntas me consumieron durante mucho tiempo. Años después estaba estudiando mi doctorado en UC Irvine y conocí a muchos jóvenes con historias similares, que vinieron a este país cuando tenían pocos meses o pocos años de edad y crecieron lado a lado con jóvenes estadounidenses, con los Power Rangers, fans de los Dodgers, escuchando la misma música, y jurando la bandera cada día, pero que muy pronto encontraban los límites que la sociedad les imponía.

Usted habla en la introducción sobre un jovencito llamado Alex…

Lo conocí desde pequeño y tuve una relación muy cercana a su familia, tanto que eventualmente me convertí en su padrino. Alex tenía 4 años cuando llegó con sus padres y su hermano a los Estados Unidos, a Chicago, proveniente de México. Su mamá lo puso en un programa para después de la escuela que yo tenía, era muy tranquilo y tímido, pero muy talentoso, le gustaba pintar y dibujar. En los siguientes años hicimos lo posible por ayudarlo, como lo hicimos con otros niños en el programa. Otras personas vieron su talento y pensaron que lograría grandes cosas.

Convencimos a su familia de que lo mejor para él sería una escuela privada con enfoque en el arte. Hasta recabamos dinero para su primer semestre. Cuando llegó el momento de llenar el formulario y fue a pedir el número de seguro social a su mamá para incluirlo, ella le dijo que no tenía estados legal. La familia inmigró a principios de los años noventa, porque otros paisanos suyos habían venido antes y habían logrado legalizarse. Pero las cosas ya no eran así. Habían pasado diez años y aún no tenían estatus legal.

¿Qué pasó con Alex?

Estaba muy frustrado y enojado sintió que había sido engañado, no sabía qué hacer, llamamos a la escuela y conseguimos una cita, presentamos su portafolio de arte, todos los premios que había ganado. Lo que no esperábamos es el tipo de preguntas que nos hicieron. ¿Estás diciendo que este muchacho es un mexicano ilegal? Estos son educadores y mira la forma en que hablaban. Preguntaron otras cosas, tratamos de explicar pero nos interrumpieron. El es ilegal, no podemos considerarlo. Punto”.

De allí en adelante las cosas empezaron a ir peor.  No tuvo otra opción que entrar en su secundaria del barrio, en la que uno de cada dos jóvenes nunca se graduaba. Luego vio que no podía manejar, no podía encontrar un trabajo, uno a una estas barreras se levantan en su camino. La historia no tiene un buen final. Un par de años después dejó la secundaria, comenzó a juntarse con otros jóvenes de su barrio. Su hermano había entrado a una pandilla en otro barrio, una pandilla rival y no podía siquiera venir a visitar a sus padres.  Hubo una disputa entre pandillas rivales por una tontería, y un día, Alex caminaba por el barrio con un amigo y dos pandilleros llegaron y los mataron.  Alex tenía 15 años.

Para mí fue un momento de reflexión. ¿Qué pude hacer por él? Su vida había ido en declive muy rápido.

¿Qué pasa en esta transición de la adolescencia para estos jóvenes?

Para la mayoría de ellos, hay más barreras que oportunidades. No pueden manejar, no pueden trabajar legalmente, no pueden lograr ayuda financiera y todo esto pasa en una etapa tan difícil, la adolescencia. Estos son jóvenes que desde niños han escuchado en su entorno que si sueñan lograrán sus objetivos, si sigues las reglas puede lograr lo que quieras. El shock es muy grande, su vida cambia por completo de repente, y encuentran que hay muchos obstáculos.

También hay un gran estigma por ser indocumentado para muchos de estos jóvenes, lo mantienen en secreto, no es algo de lo que ellos hablen con sus amigos cuando se juntan. En la sociedad hay toda esta retórica, estas imágenes de las que no pueden escapar, lo ven en las noticias, lo escuchan en la radio. No lo comentan con nadie, es una vida secreta y para la mayoría significa un cierto aislamiento.

En su libro usted diferencia entre los que van a la universidad y los que abandonan. ¿Qué quiere decir?

En mi investigación seguí la vida de dos grupos de jóvenes. Unos era los que tenían muchos logros y al menos dos años de universidad y los comparé con aquellos que abandonaron la escuela justo antes o después de graduarse de secundaria. En ciudades como Los Angeles, estos jóvenes van a escuelas secundarias donde hay muchos estudiantes por salón. Otros se ven obligados a trabajar, para ayudar a sus padres. Los que van a la universidad son esos “dreamers” merecedores, luchadores, las superestrellas que hemos escuchado mencionar en el activismo. Muchos de ellos tenían acceso a mejores escuelas o a mentores que los ayudaron.

¿Pero, aun así, los más exitosos no logran tanto como esperaban?

Con el paso del tiempo en sus vidas, va creciendo el grupo de los que abandonan. Algunos empiezan la universidad pero la dejan porque no pueden pagar, no tienen acceso a ayuda financiera o las tarifas siguen subiendo. Aún los que se graduaron alrededor del 2007-2008 que fue durante la época en que estaba realizando el estudio, a menudo simplemente se vieron obligados a trabajar en lo que fuera para ayudar a sus familias o comenzaron sus propias familias y lo que encontraron, por su estatus, fueron trabajos de bajos  salarios. Esto es en la época pre-DACA (acción diferida y permisos de trabajo que se comenzó a dar en 2012).

A los 18 años son dos grupos diferentes, para el momento que llegan a la mitad de sus 20 años, van en la misma trayectoria. El libro cuenta el caso de Esperanza, una ironía que ese sea su nombre. Ella logró ir a una prestigiosa universidad, y sin embargo, años después, está trabajando en call centers, restaurantes y fábricas. Al no tener papeles es muy difícil aplicar sus diplomas y sus profesiones. Esperanza y los otros dreamers realmente son víctima de un sueño diferido…que es muy difícil de lograr.

¿Cómo ayuda DACA, se que también estudio eso?

Hice un estudio nacional de DACA, secuela del otro estudio. Hemos escuchado una narrativa que promueve el estatus legal para los jóvenes con mérito, los que logran todas estas cosas contra los obstáculos. La narrativa es unidimensional, no es la forma en que funciona la vida. No explica lo que pasa con estos jóvenes, que en su mayoría siguen viviendo en familias de bajos recursos, tienen padres indocumentados.

Es cierto que DACA ha ayudado, más de 700,000 jóvenes han recibido permiso de trabajo, han logrado mejores empleos, mejorar sus ingresos, obtener crédito, moverse hacia el mundo normal. Pero muchos sufren gran ansiedad de perder todo esto, sobre todo con la actual retórica política. Otros, sin embargo, siguen en ese mundo en el cual viven de cheque a cheque, y en un lugar caro como es el sur de California.

Es diferente cuando DACA te llega a los 19 que cuando te llega ya casi a los 30. Esperanza recibió DACA finalmente casi a los 30 años, pero cuando intentó buscar trabajo de la carrera que estudió ya era tarde, los empleadores ven tu resumé y dicen ¿Dónde está tu experiencia? Para ellos, DACA llegó demasiado tarde.

¿Quién es Roberto González?

  • Es profesor asistente de educación de la Universidad de Harvard
  • Es tercera generación, sus abuelos son de Chihuahua, México
  • Nació y creció en Colorado
  • Ha vivido en Chicago y Los Angeles.
  • Trabajó durante 10 años en Chicago con jóvenes inmigrantes y sus familias.
  • Es sociólogo y estudió en el Colegio de Colorado, La Universidad de Chicago y la universidad de California Irvine donde recibió su maestría y doctorado.

Fuente:

 

La Opinión